10 julio 2008

Preguntas y respuestas sobre el desarme


Preguntas y respuestas sobre el desarme

(Extraído de “Pacifismo y no violencia” de “La Comunidad para el desarrollo humano”)

¿Por qué se insiste en que el trabajo social más importante es aquél que se orienta hacia el logro de la paz?

Porque se parte de esta disyuntiva sin punto medio: paz creciente, o destrucción creciente.

Sin embargo, hoy en día, el número de guerras es muy bajo.

En este momento están en curso al menos 28 conflictos, que han costado la vida a más de cinco millones y medio de personas (*). Si se agregan las guerras que han finalizado en los últimos cinco años (Sierra Leona, Liberia, Sud Sudán, Congo Brazzaville, Eritrea-Etiopía, Casamance) el balance de víctimas sube a siete millones y setecientos mil muertos.

(*) Hoy se dispara, y se muere, en Palestina, Irak, Afganistán, Kurdistán, Chechenia, Georgia, Argelia, Chad, Darfur, Costa de Marfil, Nigeria, Somalia, Uganda, Burundi, Congo (R.D.), Angola, Pakistán, Cachemira, India, Sri Lanka, Nepal, Birmania, Indonesia, Filipinas, Colombia, Líbano. Y no solamente en estos lugares.

(fuente: www.peacereporter.net, 30/08/2006)

De todas maneras, han ocurrido guerras limitadas y no una destrucción general.

Si se toma esa cifra de muertos, más la de inválidos permanentes y heridos ocasionales, multiplicándolas por padres, hijos, parejas y parientes sobrevivientes, se encontrará un número de afectados directos por acción de la violencia física, que superará la población de varios países reunidos.

No será necesario hablar de campos, aldeas y ciudades arrasadas; de éxodos masivos y poblaciones refugiadas; de hambre, enfermedad y desesperación como consecuencia directa de la violencia física, para comprender que solamente a muchos kilómetros de distancia de los puntos en conflicto se puede vivir una situación de paz. Una paz que se ha tornado bastante relativa, porque aún en aquellos países que están lejos de los conflictos se vive en el terror de posibles atentados.

A pesar de todo, aun no ha estallado la tercera guerra mundial.

Así es. Pero la política de los países más fuertes está yendo hacia un continuo rearme, y no hacia la disminución del armamentismo. ¿Por qué no ir equilibrando hacía el desarme, en lugar de lo contrario?

Porque el mercado de las armas es un gran negocio, y es necesario y funcional a la apropiación de todos los recursos naturales del planeta por parte de quien es económicamente más fuerte.

El armamentismo es, básicamente, guerra económica en la que un bando trata de hacer distraer recursos productivos al otro. Ahora bien, todo el material de desecho u obsoleto, debe ser colocado en otras áreas a fin de resarcir del mejor modo posible las inversiones realizadas en su momento.

Los poderosos, y en particular Estados Unidos, aumentan su potencial bélico, desarrollan conflictos en su periferia y generan dependencia económica a su alrededor. Como, por otra parte, los llamados "puntos de interés vital", empiezan a ser todos los puntos del mundo, cada gigante tendrá que custodiarlos directa o indirectamente, por medio de las armas. Hoy será la propia frontera, mañana el acceso a las vías de comunicación, luego los mares cálidos, más adelante las fuentes petroleras y de materias críticas... así siguiendo, hasta llegar al espacio exterior.

El caso más reciente y emblemático es la guerra en Irak, una guerra “humanitaria” iniciada con motivaciones que luego resultaron inexistentes (la búsqueda y destrucción de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein), que en realidad fue la guerra por el control del petróleo por parte de Estados Unidos.

En toda esta situación existe además el peligro de un “terrorismo nuclear” propiamente dicho, visto que en este momento es bastante fácil obtener y transportar armas atómicas. Muchos países de hecho poseen la tecnología y la capacidad para producir armamento nuclear, y esto complica mayormente las cosas.

Aún suponiendo que las cosas estén así, ningún país querría ser el primero en lanzar una bomba atómica.

Lamentablemente esto no está dicho, ya una vez (en la segunda guerra mundial), fue hecho, y no por razones de defensa. Es cierto que nadie desea una guerra total en la cual todo quedaría destruido, pero consideran factible la guerra nuclear restringida. Sin embargo, dado que el monopolio atómico se terminó, nadie puede considerarse a salvo de eventuales accidentes provocados por otros, ni tampoco del chantaje que un pequeño grupo estaría en condiciones de ejercer.

Es cierto, no ha quedado demostrada la fatalidad de la hecatombe nuclear, pero al no ser una posibilidad tan remota, toda persona razonable debería actuar a favor de la posibilidad de paz. Además, de seguir así las cosas, tampoco nadie estará exento de quedar entrampado en una zona en la que se produzca un conflicto nuclear restringido, o un encuentro convencional como consecuencia del desarrollo bélico propiciado por algunos países.

Si consideramos al aumento armamentista en los mismos términos discutidos hasta aquí, no se ve de qué manera un grupo de personas o una corriente de opinión, pudieran detenerlo.

No se trata de voluntarismos personales o grupales. Se trata de las crisis del sistema que acompañan al desarrollo bélico. Por ejemplo: las deudas podrían no pagarse y el sistema financiero entrar en colapso; determinados recursos esenciales, agotarse; las alianzas militares, fracturarse... La asfixia económica de las poblaciones, puede hacer cambiar el signo del sistema político bajo el cual viven. La violencia, entonces, llegaría a un nivel de contaminación cotidiano tal, que la seguridad personal se vería disminuida en cualquier ciudad y a plena luz del día. Terrorismo, delincuencia común, agresión y arbitrariedad en todos los niveles, pueden llevar a las poblaciones a la explosión social. En una crisis generalizada, los mecanismos de control se fracturan y los pueblos se orientan en dirección opuesta a los factores que les han acarreado sufrimiento. Los pueblos son amantes de la paz, pero si sus gobernantes, ilegítimamente los arrastran al conflicto, aquellos los repudian también violentamente. No se trata de voluntarismos. La crisis general está ligada indisolublemente al desarrollo bélico y, por tanto, comienzan a crearse condiciones de repudio activo hacia el sistema social en su globalidad. El punto está en que es necesario tomar conciencia y hacerla tomar a otros con respecto a la necesidad y la urgencia de producir un cambio social y de repudiar la violencia en todas sus formas.

Si incluso las grandes potencias comprendieran el problema con este punto de vista e iniciaran una política de desarme, quedaría siempre el problema del terrorismo.

El terrorismo se desarrolló dentro de una situación política y social caracterizada por grandes tensiones y violencias, y fuertes conflictos entre países y culturas. En un clima de distensión entre países, con una real intención de querer resolver los conflictos en beneficio de toda la población, con el apoyo y el respeto de las resoluciones de las Naciones Unidas, cesarían las razones para la existencia misma del terrorismo, o, en el peor de los casos, si encontrarían ocasiones de cooperación para resolver las situaciones. Pero la dirección debería ser la distensión, la colaboración, la no-violencia.

La violencia es propia de todas las especies animales y forma parte de la naturaleza humana, no de un sistema de vida particular.

No es el caso, ahora, de discutir acerca de la supuesta "naturaleza humana". Tal idea -de todos modos- se opone al progreso humano. Lo cierto es que la paz es posible en este momento crítico y en los momentos inmediatamente futuros que se avecinan, si los pueblos

advierten que la violencia es parte de la metodología del sistema. Consecuentemente, la crisis podrá superarse oponiendo la metodología de la no-violencia.

Si el mundo hubiera opuesto la no-violencia al nazismo, hoy estaría de rodillas bajo su dictadura sangrienta.

De ninguna manera. Por cuanto la violencia estaba generalizada en aquella época (casi tanto como en la actual), las dictaduras pudieron imponerse. ¿Cómo podrían los fascismos haberse instalado en medios no-violentos? No se puede aislar a un fenómeno de su contexto. Si se toma al nazismo una vez desarrollado y se le opone luego un medio no-violento, se equivoca el planteamiento intencionadamente. Las cosas son a la inversa: en un medio no-violento, las dictaduras no pueden desarrollarse.

De acuerdo a esa idea, la no-violencia está fuera de contexto por cuanto el medio es ya fuertemente violento.

En principio así es, pero como la crisis general se acentúa y ya peligra de modo evidente la seguridad de los pueblos, vastas capas humanas se pliegan a los movimientos de paz casi instintivamente, como sucedió en ocasión de la guerra en Iraq del 2003. En aquella ocasión millones de personas en todo el mundo han manifestado por la paz. Nos encontramos, en este sentido, en una etapa verdaderamente nueva. Desde luego que tales expresiones han resultado inorgánicas, pero resulta evidente que comienzan a polarizarse fuerzas a favor de la paz.

Supongamos que se quisiera lograr un cambio de situación global en base a la no-violencia, ¿qué se debería hacer?

Debemos responder como antes: no se trata de actitudes voluntaristas de individuos o grupos.

Es inevitable que la crisis general del sistema, esté acompañada por el fortalecimiento de los movimientos a favor de la paz, de tal modo que a partir de la presión social estos comiencen a determinar la orientación de los estados, en dirección opuesta a la que hoy llevan. En cuanto a la participación en tal corriente, hay dos actividades a tener en cuenta: el esclarecimiento y la movilización. Es decir: esclarecerse, esclarecer a otros sobre el problema y simultáneamente, movilizar al medio en el que uno vive, en la dirección de la paz. Pocas personas saben cuantos millones de dólares se gastan en armas por minuto. Pocas conocen las toneladas de explosivos distribuidas per cápita, entre los 6.500 millones de habitantes del planeta. La mayoría ignora cuantos hospitales, escuelas, universidades y centros de investigación pueden levantarse con el presupuesto de armas. Sólo unos pocos especialistas reconocen la cantidad y calidad de alimento (en todo caso fenomenal), que puede producirse con tales capitales; las áreas no fértiles que es posible abonar y las erosionadas que son posibles de ser recuperadas. Y desde luego que aun no se ha despertado completamente una conciencia ecológica que con el tiempo contribuirá a desterrar el crimen contra el ser humano y la naturaleza. Crimen alimentado especialmente por la voracidad de los círculos belicistas, indiferentes a la contaminación radiactiva y química. El impulso que se dará a las zonas menos favorecidas el día que, efectivamente, la armas sean fundidas en herramientas de progreso, es algo aún no tenido en cuenta por el ciudadano medio, al cual deliberadamente se le ha retaceado este tipo de información. Por último, tampoco se han hecho esfuerzos para dar a conocer a las poblaciones cuanto más alto sería su ingreso, cuanto mejor su calidad de vida, cuanto más despejado su horizonte en seguridad y posibilidades, si el armamentismo estuviera declinando.

Esclarecer con estos tópicos, informando concretamente al medio en el que uno trabaja y vive; hacer tomar conciencia en base a datos precisos a las colectividades políticas y religiosas en las que uno participa; trabajar para que tales informaciones se difundan por todo vehículo adecuado, es hacerlo a favor de la paz.

Muy bien. Esclarecimiento y movilización. ¿Cómo se implementa todo eso de una manera sostenida y efectiva?

En base a organización. Una organización que esclarezca sobre las grandes lacras de la humanidad: la violencia física, la violencia económica, la violencia racial y la violencia religiosa. Una organización que cree centros de comunicación directa (no intermediada como lo hacen los medios de difusión). Por último, una organización que permita a cada persona comunicarse consigo misma y que enseñe a desarmar la bomba de violencia que cada ser humano lleva en su interior.

Así es que se requiere una estructura que sea montada en base a centros de comunicación directa entre las personas y en la cual cada participante pueda asumir una nueva postura frente a la vida, inspirada en la no-violencia. Esa organización, debe ser apta para orientar a capas cada vez más amplias de la población, en un frente común contra la violencia. Por lo demás, debe ser construida en el medio en que se desarrollan las actividades cotidianas. El medio laboral, profesional, estudiantil y el medio habitacional y de relación: el barrio, la población, la familia y el grupo de compañeros.

Sin duda que en todo medio en que se desarrolla el trabajo diario, aparecen distintas manifestaciones de opresión y violencia. Es en esos ámbitos, donde mejor se puede esclarecer y movilizar en contra de la violencia física, económica, racial y religiosa. El ideal mayor y de más largo alcance, es el logro de una sociedad de paz, pero cada medio particular ofrece posibilidades concretas de acción para el esclarecimiento, la movilización y la suma de voluntades en la misma dirección. Muy frecuentemente, se llega a conclusiones generales desde los casos particulares. Por ello, es desde el lugar de actividad cotidiana, mediante la predica y la acción no-violenta en contra de la injusticia que se sufre, desde donde (por la acción), comienza a comprenderse los problemas generales que vive una sociedad y, por último, toda la humanidad. Porque el ideal del mundo de paz, comienza a efectivizarse en la práctica y en el compromiso diario con el medio en que a cada cual le toca vivir y en el cual cada uno debe luchar por lograr transformaciones positivas.

Según lo explicado, hay que distinguir dos niveles: el del pacifismo en general y el de la no-violencia en el ámbito cotidiano.

El pacifismo como actitud espontánea, frente al hecho armado de la guerra, es un buen comienzo. Sin embargo, las manifestaciones en ese sentido, resultan inorgánicas si no están acompañadas por la lucha en pos de la justicia, la no discriminación y la hermandad internacional de todos los pueblos. Las masas que concurren a expresarse en contra de las guerras luego se disgregan, y cada cual regresa a su casa y a reemprender sus actividades cotidianas, como si en ellas existiera un mundo apartado del gran problema. Es este salto que se produce entre el pacifismo genérico y la acción cotidiana, el que se debe resolver de un modo coherente. La no-violencia, es la metodología de acción del pacifismo, por tanto, la mejor herramienta para la liberación del sufrimiento social. La no-violencia trabaja con el "vacío", impulsando la denuncia, el repudio, la no cooperación con la violencia y, por último, la desobediencia civil frente a la injusticia institucionalizada. Si el pacifismo inicial aspira a un mundo sin guerras, la no-violencia hace progresar tal ideal hasta convertirlo en el de la humanización de la Tierra. Esta humanización, sin embargo, debe comenzar en el medio inmediato de cada cual, de un modo efectivo, sostenido y, por consiguiente, organizado.

Turín (Italia), 30/08/2006

Movimiento Humanista, Mundo sin Guerras y sin Violencia


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